Albert Einstein enunció la teoría de la relatividad especial en 1905 y afirmó algo que hoy en día resulta indiscutible: nada puede viajar más rápido que la luz. Esta afirmación implica en si misma que el tiempo no es absoluto, sino relativo y que depende de cada observador. Veamos como esto es posible a través de un ejemplo. Si alguien viaja en un tren y lanza una pelota con una velocidad Vp en el mismp sentido del avance del tren, que supongamos viaja con una velocidad Vt, éste afirmará que la velocidad de la pelota es Vp. Sin embargo, un observador situado fuera del tren, diría que dicha pelota tiene una velocidad Vp+Vt.

Esto es perfectamente normal ya que ambos están utilizando sistemas de referencias diferentes. El obsevador del tren no tiene en cuenta la velocidad del tren dado que él también se desplaza a dicha velocidad, mientres que el observador que hay junto a la la vía, si tiene en cuenta dicha velocidad y para él la pelota viaja más rápido. Este enfoque es perfectamente explicable con las leyes clásicas de la física y con un modelo newtoniano del universo.

Sin embargo, que ocurriría si en lugar de una pelota, el pasajero del tren encendiese una linterna en el sentido de avance del tren. Al igual que en el caso de la pelota, el pasajero del tren afirmará que la luz de la linterna viaja con una velocidad c, es decir, a la velocidad de la luz. Sin embargo, si un pasajero junto a la vía pudiese medir dicha velocidad, según las leyes de la física clásica, debería medir una velociadad de c+Vt, es decir, la velocidad de la luz más la velocidad del tren. Pero esto contradice la teoría de la relatividad de Einstein, que afima que NADA puede viajar más rápido que la luz, independientemente del observador, es decir, del sistema de referencia utilizado. Entonces, ¿cómo es posible que ambos midan la misma velocidad para la luz? Muy sencillo, teniendo en cuenta que la velocidad es igual al espacio recorrido entre el tiempo transcurrido, dicho tiempo no puede ser el mismo para ambos observadores. Mediante simple aritmética, podemos afirmar que el tiempo ha de transcurrir necesariamente más despacio para el pasajero que viaja en el tren. Y además, este tiempo transcurrirá tanto más despacio cuanto más rápido viaje el tren.

Con la teoría de la relatividad, Albert Einstein cambió para siempre un concepto que a todos nos resulta muy difícil de asumir como algo relativo: el tiempo. Pero que, sin ninguna duda, está hoy en día científicamente comprobado mediante diversos experimentos. Por ejemplo, se ha demostrado que si subimos un reloj atómico (relojes con errores máximos de un segundo en 30.000 años) a un avión, habiéndolo sincronizado previamente con un reloj idéntico en tierra, y lo ponemos a viajar a gran velocidad durante un tiempo considerable, al aterrizar podremos evidenciar que el reloj viajero está considerablemente retrasado respecto del que permaneció en tierra.